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Indefensión aprendida: De los campos de concentración a tu perro.

¿Cómo pensáis que era posible que centenares de judíos no reaccionaran, ni se revelaran contra unos cuantos soldados armados? ¿Cómo es posible que fueran sumisamente hacia una muerte segura en las cámaras de gas?

Bueno pues, la indefensión aprendida es esa situación emocional en la que ya no sabes que hacer, en la que estás totalmente rendido, en la que has intentado actuar pero nada de lo que has hecho te ha servido. Una especie de depresión de la que no ves salida ni escapatoria posible y asumes que ante una o varias situaciones nada puedes hacer.

¿Impactante pensar en esta situación para los perros, verdad? Pues efectivamente esto sucede.

Hay distintos niveles de indefensión aprendida, pero en todos ellos los procesos de aprendizaje han generado emociones similares, encaminadas a anular al individuo.

Sus síntomas son claros y evidentes para muchos, pero en el caso de los perros en muchas ocasiones se obvian y se pasan por alto, porque está asociado a situaciones de maltrato,  y en realidad nadie que esté leyendo este artículo pensará que su perro pueda estar en esta situación.

Lo cierto es que no es necesario en el caso de muchos perros que hayan pasado por un maltrato flagrante o evidente para llegar a esto.

En esta situación se observa un estado de apatía y de falta de iniciativa.

Es frecuente en perros abandonados y maltratados, perros adoptados y animales que sufren un exceso de control por parte de alguno o varios miembros de su círculo familiar o social.

Muchas veces ese exceso de control lo ejercen los guías buscando tener un perro muy obediente, o simplemente por exceso de protección.

Perros que reciben correcciones de formas más o menos constantes, tipo tirones de correa, cachetes, golpecitos en la trufa, forzarles a tumbarse panza arriba (Alpha Roll Over), los típicos ¡No!, ¡Psss! Y todo tipo de castigos que añaden una estimulación desagradable con la finalidad de tener las iniciativas del perro bajo control.

Son perros que se les ve por la calle cabizbajos, que no se alteran y no generan respuestas ante esas formas de dominio y control, de los que mucha gente piensa “¡Qué perro más bueno!”. Pero quienes conocemos en realidad la psicología sabemos que es un perro triste, deprimido, infeliz.

Si piensas que tu perro puede estar sufriendo esta situación hay varias cosas que debes empezar a hacer.

  • Darle mayor libertad, no intervenir cada vez que hace algo.
  • Eliminar los castigos de tu método de enseñanza.
  • Fomentar que se socialice.
  • Plantearle juegos adaptados para él, para sus capacidades. Planificando pequeños retos que sea capaz de superar sin necesidad de tú constante intervención.
  • Incluso caminar con él con una correa más larga, dándole más opciones a separarse de ti y dejar que siempre que sea posible elija el la dirección para caminar.

Son pequeñas tareas que pueden ayudar a tu perro a empezar a recuperar la iniciativa y la autonomía.

Mira a tu perro como lo que es, un ser sintiente, emocional, con necesidad de explorar el entorno, socializarse, descubrir, enfrentarse a retos positivos…

Recordar que la conducta de los perros nunca es el problema, sólo es el síntoma de una emoción negativa o mal gestionada. Por ello debemos trabajar para ayudarles a hacer una buena gestión de sus emociones y no para corregir el síntoma conductual.

Miguel Medina
Profesor Educación Canina
Escuela del Henares